
¡ADÉU GERMÁ, ADIÓS LESERA!
“Algo se muere en el alma, cuando un amigo se va…” (Amigos de Ginés)
Fray Antonio Lesera Banaclós (88 años), murió víctima de una enfermedad no superada. En el Hospital Max Peralta de Cartago, sus pulmones, en la madrugada del 18, se quedaron sin oxígeno; dejándonos huérfanos a miles de feligreses y amigos, a quiénes se entregó con alma, vida y pasión.
Fray Antonio Lesera Banaclós, nació en San Sadurní de Noyá, en la comarca del Alto Penedés (Barcelona) Su vocación le hizo servidor de San Francisco de Asís. Recién ordenado, a sus 24 años recaló en la Basílica Menor de San Antonio de Managua (Nicaragua) en 1952. Diez años después trasladó su apostolado a “la vieja Metrópoli”. Orgulloso “siervo útil” y referente de la orden de los Capuchinos en Cartago, repartió su bondad, acciones y generosidad a lo largo de medio siglo.
En “la ciudad de las brumas”, fundo el Colegió Seráfico San Francisco de Asís de San Nicolás y la Clínica del Sida de Nuestra Señora de las Esperanza; amén de expandir su labor sacerdotal a lo largo y ancho de Centroamérica y más allá. En San Nicolás (Taras) estaba una de sus queridas parroquias, dónde disfrutaron, compartieron y gozaron de su bondad, oratoria y sacramentos.
Fray Lesera, catalán arraigado y cartaginés de adopción, buen conversador y entusiasta en cada obra social que emprendía. No entendía de horarios, ni discriminaba a nadie: todos eran sus parroquianos. Con su sonrisa bonachona, pelo y barba blanca, era tan feliz como un niño-grande, cuando le regalaban chocolates; o sus amigos le cuestionábamos su nacionalismo o afición futbolera: “Feligreses, seráficos y sidosos son mi familia y pasión”, sonriendo, respondía y sentenciaba. El próximo día uno de enero, habrán tres sillas vacían en el Convento de Montserrat: la de Ignacio, Isidoro y Lesera. Ya los que por décadas acudíamos a degustar la paella, que con esmero cocinaba Lesera, echaremos de menos al amigo-cocinero. “Lesera, este año te salió mejor que la del año pasado…”, decía Ijurco para que le oyeran todos. “O sea… estás contratado para la del año que viene…», ironizamos los demás. También faltará (ya hace años) la partida de dominó, que era excusa de sobremesa, para que Isidoro e Ijurco versus Ignacio y Lesera, porfiaran sobre las bondades navarras (o vascas) y catalanas. Y el suscrito, fiel escribano castellano, en franca desventaja. Vehemente Isidoro, directo Ijurco, “la risotada” de Ignacio y la mirada bondadosa de Lesera, adornaban unas fervorosas discusiones que eran magistrales lecciones de vida.
¡Adéu Germá (¡Adiós, Hermano!), Adiós Lesera! En tu morada final estás con semblante feliz. “Terrible es la muerte!, pero ¡cuán apetecible es también la vida del otro mundo, a la que Dios nos llama!, que dijo San Francisco de Asís.