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Presidente Luis Guillermo Solís se encuentra en la rendición de cuentas en la Asamblea Legislativa.

 


 

Hace dos años, en la ceremonia de investidura como Presidente de esta Nación, juré por Dios ante este Plenario y nuestro pueblo “(…) observar y defender la Constitución y las leyes de la República”. Hoy concurro ante ustedes con la tranquilidad plena de haber cumplido a cabalidad con ese mandamiento; el primero y más importante que asume un funcionario cuando es convocado por la Patria a servirle en un cargo público, independientemente de su rango y condición.

“Observar y defender la Constitución y las leyes de la República” conlleva, para un Gobierno que procura el cambio en la cultura política de este país, al menos cuatro grandes obligaciones: la primera y como es debido, atenerse a su letra y acatar las sentencias que emanan de los tribunales de justicia. La segunda, dilucidar su espíritu, incursionar en la compleja tarea de discernir la voluntad del legislador de manera que ésta brille como un faro en los procesos de toma de decisiones, en particular aquellos que no son tutelados por los tribunales. La tercera, someterse voluntaria y permanentemente a procesos de rendición de cuentas, respondiendo de esa manera a la creciente exigencia de los pueblos para que sus gobernantes actuemos con transparencia en el cumplimiento de nuestra tarea superior: la defensa del Bien Común.

Y cuarto: entender que el “pacto republicano” descansa en la defensa de la Justicia como eje articulador de la vida social. Y no sólo la Justicia contenida en los códigos y leyes, sino también aquella – sin duda más intangible – que resulta de la búsqueda de la equidad y la necesaria defensa de las personas menos favorecidas de la sociedad.

Costa Rica se sostiene sobre profundas convicciones democráticas y de solidaridad. Nos hemos enfrentado a los avatares de la historia asidos a valores fundamentales sobre los que descansa nuestro pasado, sobre los que asentamos continuamente nuestro presente y sobre los que se levanta el futuro que deseamos para las generaciones presentes y venideras. Hablo, por supuesto, del diálogo, la tolerancia, el respeto a la diferencia, el progreso social, la prosperidad, la educación, el trabajo digno y la ardorosa defensa de los Derechos Humanos.

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