
Caos en la agricultura
Juan Rafael Lizano
Presidente de la Cámara Nacional de Agricultura y Agroindustria
En las últimas décadas la rentabilidad del sector agropecuario se ha visto afectada por múltiples factores climáticos, políticos y de competitividad. Esto ha provocado una fuerte contracción del sector que lejos de presentar signos de mejora, tiende a agravarse aceleradamente.
El Índice Mensual de la Actividad Agropecuaria (IMAGRO), ha mostrado una tendencia decreciente en los últimos 17 meses, al registrar una caída de -7.75 puntos porcentuales. Para agosto de 2015, este índice se ubicó en -2.48%.
Este decrecimiento se debe principalmente a una menor producción de piña (-7.7%) y banano (-12.4%), lo que provocó que, a pesar de leves crecimientos en productos como leche, papa y cebolla, el índice no mostrara mejora.
Entre los factores que han influido en el deterioro del sector y su competitividad, se puede citar el costo elevado del diesel en nuestro país. Según datos del Comité de Hidrocarburos de América Central al 15 de setiembre anterior, los productores nacionales pagan 21% más caro el diésel en comparación con el resto de países de Centroamérica, quienes son nuestros competidores más cercanos.
Adicionalmente a esto, pagamos a nuestros colaboradores el segundo salario más elevado del sector agrícola latinoamericano ($462), no obstante a este monto, se le deben incluir las cargas sociales por lo que la inversión en mano de obra por colaborador asciende a $634 y si bien es cierto, este sector apoya la política solidaria por la que nuestro país apostó, este costo es significativo y pesa cuando de competitividad se trata.
Combinado a los factores anteriores, un sector golpeado por el clima y con características competitivas erosionadas, requiere acceso al crédito para su constante renovación. Pese a esto, datos del Banco Central muestran que en diciembre de 1997, el crédito al sector agropecuario representaba 10,6% del crédito total otorgado por el sistema financiero nacional, transcurridos 18 años, este crédito a mayo de 2015 representa únicamente, 3,2% del total.
No se debe dejar de lado que el sector agropecuario históricamente, ha jugado en nuestro país un papel importantísimo en la mitigación de la pobreza, ya que las fuentes de trabajo que ofrece, son mayormente aprovechadas en las zonas rurales donde las oportunidades de empleo son reducidas.
En esta área, el impacto de las condiciones adversas del país sobre el sector agropecuario, se demuestran con datos de la Encuesta Nacional de Hogares del INEC. Al comparar los datos del desempleo abierto y del desempleo rural del período comprendido entre 2010 y 2015, se puede observar que mientras el primero pasó de 7.3% a 8.5%, el rural mostró un mayor crecimiento pasando de 7.6% a 9.2%.
Aunado a lo anterior, en la Encuesta Continua de Empleo del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC, mayo 2015), se determina que mientras que en el IV trimestre del 2014 el sector contaba con 272.192 trabajadores, tan solo tres meses después, este número se redujo en 18.262 puestos de trabajo, lo que puede significar un impacto mayor al desempleo rural.
Ante este panorama, el país requiere urgentemente de una agenda política de reactivación agropecuaria que le permita al sector, que ha dado los cimientos para que seamos lo hoy somos como país, recuperarse dignamente.