+0 - 0  por /0 comentarios

“A MI MADRE”

“Cambian un delineador de ojos por uno de ojeras y las noches de fiesta,

                                         por trasnochar cuidando al hijo enfermo”  (Mateo H. Barroso)

Es la mía pero puede ser la de cualquiera. Todas son iguales o parecidas, por más lejos que estén o en continentes distintos que vivan…

Nacida en la época de la copla y el cuplé, se deleitaba con los cuentos de hadas y las películas en blanco y negro de Charlot. Conoció de guerras, rojos y nacionales y hasta de la hambruna de la postguerra. Creció cobijada en la gramática parda de su madre y la fantasía de su padre, saltando a la comba en los parques de “los madriles”. Se hizo joven mirándose al espejo, dibujándo bucles y ondas en su melena rojiza, tan a la usanza en su tiempo. Aprendió de comercio y peluquería, pero corrió tras los ciclistas y escribió de ellos a golpe de pedal. La vida le dio esquinazo y se debatió en devenires. Un día, un tren se detuvo en la Alemania emigrante de los que buscaban un futuro más promisorio, y otro la trajo a la Francia de De Gaulle. Posiblemente buscaba sin norte, ni nada que encontrar. Regreso a “la madre patria”, años después, con mas esperanzas que fortuna, para emprender un camino bien largo, bastante lento y menos tortuoso, aunque más seguro.

Vivió y dejó vivir por largo rato a los suyos. Fue despidiendo, uno tras otros, a sus seres queridos y en un momento determinado se llenó de nostalgia, creyendo que la puerta de ella también se estaba cerrando… Pero el tiempo no se detuvo, ni la vida tampoco. Aprendió tarde –¡pero que dicha¡- a cruzar el charco, a conocer del olor a café y el sabor a tamal de la joven América de sus hijos y nietos. Nuevamente se llenó de ilusión y fuerzas para seguir adelante. Había resuelto el gran dilema: impedir que los suyos la vieran quebrarse. Y si antes nunca los defraudó, no lo iba a hacer ahora.

Es en suma, ni más ni menos, que un breve canto, el reconocimiento y la oda a… la madre que me parió.

Y como ella, son todas las demás. Tienen de común: Cabeza de familia, reloj despertador, cocinera, empleada, maestra, niñera, enfermera, lavandera, psicopedagoga, entrenadora, peluquera, oficial de seguridad, secretaria, cajero automático, GPS (encuentra todo) y está de guardia ¡las 24 horas, los 365 días!

Es sabido que una madre puede tener muchos hijos, pero un hijo solo tiene una madre. Si la tienes cerca ¡cuídala!; si está lejos envíala un beso; y si un día se fue, cómprala rosas y sonríe: es como ella te quiere ver.

+ 0 - 0