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¡CARTAGO NECESITA HOSPITAL!

CARTAGO NECESITA HOSPITAL!
“La morgue va a reducir las listas de espera” (JLHF)
Es una historia diaria solo ajena a unos pocos privilegiados. Puede suceder en “la vieja metrópoli” o en cualquiera otra provincia, pero nos referiremos a lo que se vive cada madrugada en la sufrida y olvidada –en esta y otras tantas áreas- “ciudad de las brumas”.
Para ser atendido en Laboratorios o Ebais (de la CCSS) hay que madrugar un poco: 5.30 am es una hora aconsejable en varios distritos y muy tarde en otros; según la población de la zona. Siendo Cartago una ciudad fría y lluviosa, más de doscientos días al año, significa que para acudir a la cita médica hay que ir bien abrigado. E igual que la orden patronal o la cedula de identidad, la enfermedad es personal e intransferible; o sea nadie puede representar al paciente.
La circunstancia o desgracia de “mendigar” los servicios médicos cartagineses podría ser circunstancial… ¡Pues no!, en “la vieja metrópoli” las largas filas -propias de países tercermundistas- cumplen dos décadas. Las soluciones no llegan por ninguna parte, sin duda porque quiénes deben resolver la grave situación no son los que acuden a los centros de salud brumosos ya que ellos “disfrutan” de las atenciones hospitalarias que se brindan en los centros particulares josefinos.
El clamor de “Cartago necesita Hospital” es un grito en el desierto, que los gobernantes no han atendido al menos en cuatro 4 legislaturas, por más promesas electorales que hayan dado. Y claro, las consecuencias de esta desidia las pagan los cartagineses, que acumulan enfermedades.
La imagen es diaria y forma parte del paisaje: muchedumbre ordenada a la intemperie, con viento y frio. Cientos de adultos mayores y jóvenes o no tanto, con niños en sus brazos, son habituales, como si fueran un viejo cuadro de casa de habitación. La negligencia no preocupa a nadie, menos a las autoridades sanitarias locales, que siguen instaladas en sus poltronas “haciendo que hacen”
¿Alguien estará sacando provecho de esta barbaridad? También hay gente humilde y desempleada que vieron en estas tétricas esperas la forma de hacer “algún cinco” y vender el puesto en la fila a un módico precio, que no todos pueden pagar. Al margen, es justo mencionar la sensibilidad de muchos profesionales de la medicina que dan un trato humano y cariñoso (¡si, cariñoso!) a quienes arrastran en su cuerpo (y alma) un notable deterioro de la salud.
Lo triste es que abundan (o vegetan) funcionarios desaprensivos que piensan que quienes esperan ser atendidos (y que son los que les pagan a ellos) son “productos perecederos” y les prestan un trato tan grosero y despreciativo que es sinónimo de su nula vocación de servicio.
Conclusión: las largas filas, solo se resuelven en la morgue.

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