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“COBARDE”

“Se nace, crece y muere como lo que se es”

Mateo H. Barroso

Hay una gran campaña, en muchos países, de sensibilización sobre la violencia de género. Se insiste mucho en que el silencio es cómplice letal. También que la propia familia y/o vecindad, ocultan o no denunciar lo que es evidente, y luego en casos de tragedia irremediable, se dan golpes de pecho por haber sido participes de la barbarie, simplemente por no actuar.

Tras la larga lista de mujeres asesinadas por parejas y ex parejas, hay una larga historia de expedientes y situaciones que pudieron, con la acción de las autoridades, evitarse. Solo alzan la voz, unos y otros, para lamentar lo que sucedió… ¿Ya para qué?

Los agresores son escoria de una parte podrida de la sociedad. Impulsan y contagian, con sus malas vibras el dolor; y no están localizados solo en un estrato social bajo o humilde; también los hay que cínicamente se pavonean, sin pudor, con inusitada hipocresía, en unos escenarios más elevados que no ignoran su “modus vivendi” y “modus operandi”.

Hay un grupúsculo de agresores que aman la pomposo sin ápice de vergüenza, Son conscientes que son públicas y notorias “sus debilidades” y actitudes propias de conductas machistas, degradantes, punibles y delictivas.

En su agenda de amigos y carpeta de “favoritos” están algunos que se identifican con ellos: son de la misma calaña. Bien lo decía Mateo: “así como nacen, crecen y mueren”. En el INRI, sus vidas terminan con el ruido del silencio y un ladrido del perro.

No disminuyen las fatídicas listas. Al parecer pululan ocultos, un ejército de  “machitos”; que a la postre son cobardes, pendejos y pendencieros, que a golpe de opresión, violencia o dinero, apantallan y mancillan. Incluso son muy dados en sus linderos, a protagonizan escenas de amoríos, burla de allegados que airean sus historias de desafueros y faldas. Estos tipos, puertas adentro, desnudan su personalidad de viles agresores, ante el pánico de los más frágiles del hogar, que en un rincón se acurrucan impávidos, temblorosos y horrorizados, presenciando la brutalidad.

Es tiempo de aplicar ojo avizor a situaciones que circundan en alrededores, atender la sospecha y no esperar a que suceda lo irremediable. El perfil del cobarde de marras, delincuente genético y pendejo natural, es fácilmente identificable, por ende, denunciable.

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