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“CUANDO LA TIERRA SE ABRE…”

“La naturaleza es imprevisible”

Hecho real

Nepal sufre. Llora. Grita. Suplica. Se desgarra. Clama ayuda y cuenta a sus muertos…

Nepal (República Federal Democrática de Nepal) es un país sin salida al mar de Asia

meridional, ubicado en el Himalaya, rodeado al norte por República Popular China y en el

sur la India. País de naturaleza montañosa, posee algunas de las cumbres más altas de la

tierra, destacando el Everest (8848 metros) y los otros siete de los llamados “ochomiles”;

y es allí donde cada año llegan cientos de escaladores a coronar sus cumbres.

Nepal, el hinduismo como religión oficial, tras 240 años de monarquía se transformó en

estado secular, después de guerras sangrientas. Nepal, hoy trágica actualidad en el planeta.

Desde la capital Katmandú llegan noticias. Las imágenes “en tiempo real”  sobrecogieron

a la humanidad: parecía un adelanto “del fin del mundo”. Edificios de cartón desplomados;

calles rotas, caminos ocultos y casas de papel derribadas; gentes despavoridas huyendo, sin

saber hacia dónde… Vidas al azar y miles enterrados bajos escombros. Desesperación,

impotencia y preguntas sin respuesta. La naturaleza se rebela: no se apiada de mujeres,

niños o ancianos; ni entiende de clases sociales, pobreza o riqueza: el terremoto abraza a

todos, convirtiéndolos en frágiles víctimas. Caos, muertos y heridos a la intemperie y otros,

desaparecidos. Hospitales en explanadas, sin dar abasto para atender tantos cuerpos

polvorientos y despedazados. Los que se salvaron, aturdidos, no entienden nada… ni

S.O.S. mundial. Gobiernos y organizaciones humanitarias tienen que correr. Cada minuto

que pasa, un cúmulo de cuerpos agoniza. Ya tres mil seiscientos son muertos y las cifras de

desaparecidos van a incrementar esta fatídica lista. La respuesta de los equipos de

emergencia, tratando de evitar epidemias, quema cadáveres que nadie reclama.

Los sobrevivientes agradecen a “su” Dios: ¡les regaló vida! También las montañas

hablaron y desplegaron su furia, lanzando aludes y enterrando campamentos y pueblos.

Lapidario para miles, mientras centenas de miles se quedaron sin nada; perdieron todo…

aunque siguen vivos. Grito de Solidaridad. Tarea ardua para naciones y gobernantes, que

no pueden permanecer impasibles. Nepal: toca empezar de cero.

En consecuencia, cuando la tierra se abre, solo queda rezar.

“La naturaleza es imprevisible”

Hecho real

Nepal sufre. Llora. Grita. Suplica. Se desgarra. Clama ayuda y cuenta a sus muertos…

Nepal (República Federal Democrática de Nepal) es un país sin salida al mar de Asia

meridional, ubicado en el Himalaya, rodeado al norte por República Popular China y en el

sur la India. País de naturaleza montañosa, posee algunas de las cumbres más altas de la

tierra, destacando el Everest (8848 metros) y los otros siete de los llamados “ochomiles”;

y es allí donde cada año llegan cientos de escaladores a coronar sus cumbres.

Nepal, el hinduismo como religión oficial, tras 240 años de monarquía se transformó en

estado secular, después de guerras sangrientas. Nepal, hoy trágica actualidad en el planeta.

Desde la capital Katmandú llegan noticias. Las imágenes “en tiempo real”  sobrecogieron

a la humanidad: parecía un adelanto “del fin del mundo”. Edificios de cartón desplomados;

calles rotas, caminos ocultos y casas de papel derribadas; gentes despavoridas huyendo, sin

saber hacia dónde… Vidas al azar y miles enterrados bajos escombros. Desesperación,

impotencia y preguntas sin respuesta. La naturaleza se rebela: no se apiada de mujeres,

niños o ancianos; ni entiende de clases sociales, pobreza o riqueza: el terremoto abraza a

todos, convirtiéndolos en frágiles víctimas. Caos, muertos y heridos a la intemperie y otros,

desaparecidos. Hospitales en explanadas, sin dar abasto para atender tantos cuerpos

polvorientos y despedazados. Los que se salvaron, aturdidos, no entienden nada… ni

S.O.S. mundial. Gobiernos y organizaciones humanitarias tienen que correr. Cada minuto

que pasa, un cúmulo de cuerpos agoniza. Ya tres mil seiscientos son muertos y las cifras de

desaparecidos van a incrementar esta fatídica lista. La respuesta de los equipos de

emergencia, tratando de evitar epidemias, quema cadáveres que nadie reclama.

Los sobrevivientes agradecen a “su” Dios: ¡les regaló vida! También las montañas

hablaron y desplegaron su furia, lanzando aludes y enterrando campamentos y pueblos.

Lapidario para miles, mientras centenas de miles se quedaron sin nada; perdieron todo…

aunque siguen vivos. Grito de Solidaridad. Tarea ardua para naciones y gobernantes, que

no pueden permanecer impasibles. Nepal: toca empezar de cero.

En consecuencia, cuando la tierra se abre, solo queda rezar

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