
“EL ALTO DEL LEÓN” (III Parte)
“En ciclismo lo único que importa es llegar antes que los demás”
Fausto “Il Campioníssimo” Coppi
Este “mini-reportaje” es un breve homenaje a quienes en “el Alto del León” se citan cada año, el día de Navidad, con esa legión de amigos. Con el paso de los años, les han abandonado las fuerzas, pero aún mantienen la vitalidad y el entusiasmo de siempre. Ya sus rostros afilados y aceitadas piernas dieron paso a “cachetes”, arrugas, canas y grasas congruentes con la edad, que claudicaron al transcurrir de un tiempo, que ni siquiera a estos grandes y esforzados deportistas les perdonó; por más que aún mantengan viva la llama de la amistad y el amor al deporte, valores imperecederos que siempre han enaltecido y valorado en su verdadera medida.
Todos ellos, legendarios ciclistas, “globeros” o “domingueros”, son un claro referente de los ciclistas actuales, muchos de estos situados en una verdadera “zona de confort”, incongruente con el esfuerzo y sacrifico que requiere esta disciplina, cada vez menos individual, más de equipo y de tácticas de escuadras.
Oda a los que mantienen vigente el ejemplo de una saga de modestos y auténticos practicantes del “deporte del pedal” que ha encontrado en la ciencia y la tecnología un mayor desarrollo que aprovechan los ruteros de hoy. No se puede rechazar el avance aplicado al ciclismo, como tampoco que en la época actual existe apoyo de todo tipo. Pero puestos a elegir, nos quedamos con aquellos pedalistas de antaño en los que prevalecía el esfuerzo personal y mental así como sus condiciones naturales, que a final de cuentas eran las únicas armas que prevalecían para llegar antes a la meta.
En todo caso, los legendarios de antes y las figuras de la actualidad, festejan al unísono el auge del ciclismo, que se demuestra en cada prueba de ruta, en las clásicas de un día o en las grandes vueltas por etapas: Vuelta a España, Giro de Italia o Tour de France, dónde ya es costumbre ver a en olor a multitudes a las figuras subir al cajón (pódium). Ese precisamente al que solo acceden los grandes, los vencedores, los que reciben trofeos, aplausos, ramo de flores y el beso de las guapas. Y mientras, el resto de “la serpiente multicolor”, con el mismo kilometraje y desgaste en sus piernas, recibe el anonimato y un mínimo y silencioso reconocimiento por ser parte del pelotón.
Al margen de recuerdos, flashes e imágenes de portadas de medios de comunicación, “el Alto del León” no permite el olvido. Puede dar fe de este testimonio y del progreso de un deporte, que pasó de ser minoritario, a calar en las masas, que se estacionan al borde de la carretera, para ver pasar a los “héroes del asfalto” y lanzarles vítores y gritos de ánimo, que los ruteros mucho agradecen.