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“EL PAIS DEL VACILÓN” (I Parte)

                                                                                       “Si algo no está bien, denuncien…”

                                                                                            Luis Guillermo Solís Presidente

Parece un vacilón pero es una situación real la vivida ayer miércoles, 25 en los pasillos del Registro Nacional de Costa Rica, con motivo de acudir a presentar documentación requerida para optar a las tres plazas de Informática, ofertadas en un cartel y publicadas en la prensa nacional

Los documentos exigidos, no eran menos de 22 hojas: certificaciones, reconocimientos y constancias de trabajo, más los títulos respectivos. Ello implicaba, en buena teoría, no menos de 10 minutos en el acto y corroboración de entrega ante el funcionario público designado, del Departamento de Recursos Humanos de esta institución gubernamental

De entrada algo sorpresiva: “¡dos días y 6,30 horas por día para atender, uno a uno, a todos los oferentes!». Ello, a todas luces insuficiente, máxime si el personal designado a atender era el mínimo y además pasaban más tiempo en el almuerzo, cafetito, pasillos (verdadera “pasarela” para las damitas y sus modelitos, algunos inapropiados –por exagerados- para ir a trabajar) y otras bagatelas propias y recurrentes, en muchos de los funcionarios públicos irresponsables.

Una conclusión: A ese ritmo se podrían atender, en 13 horas, a no más de 70 candidatos. Y de seguido los hechos: Hora 11.00 am, en un pasillo de la segunda planta del R.N., una fila de más de 35 personas, todas de pie excepto 10 sentadas. Los aspirantes, hombres y mujeres, maduros con títulos y atestados, más de 16 años de estudios y muchísimas horas quemándose las pestañas, con la expectativa de optar a un puesto de trabajo, sin duda necesario para el sustento de su familia y compensatorio a sus muchos años de estudio y enorme desembolso hasta graduarse. O sea, personas con coeficientes intelectuales altos, ahí… como si estuvieran en una fila de racionamiento venezolana. Curiosidad y preocupación de inmediato: ¿me tocará… si el promedio es de uno cada 10, 15 o 20 minutos? Paciencia y… ¡ojo al Cristo!. Tampoco falta algún espabilado merodeando en busca del amigo “de adentro” para brincarse la fila, en tanto los demás atentos para no ser burlados.

Pasa el tiempo y la fila avanza poco o nada, Una señora joven, con aparente estado de embarazo ahí está de pie… ¿No hay una ley que obligue a atención privilegiada en estos casos? Pues bien, en el R.N. no parecen conocerla. Mientars, en el pasillo decenas de personas obstinadas, de pie y con desazón. Y “dentro”… mesas vacías y pocas personas (una o dos) atendiendo. Al tiempo los de la fila observan… Funcionarios/as van y vienen, caminando o conversando animadamente. Todos “gafeteados”. Como diría Sabina: “Y nos dieron las once y las doce y la una… y las dos y las tres…”  Mañana seguimos…

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