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“EL ÚLTIMO TREN”

“Presa de 114.000 citas llevó a intervenir hospital” (La Nación 6.7.2012)
El tren sirve de medio de transporte para viajar de Cartago a San José y viceversa. Al tiempo, en “la vieja metrópoli” está el Hospital Max Peralta, que fue intervenido en julio 2012. No se estaba de acuerdo con la gestión, si bien en los que respecta a la atención médica se sigue igual o peor.
Al ciudadano de a pie le interesa que la benemérita institución (CCSS) cumpla los fines para los que fue fundada por el Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia el 1ª de noviembre de 1941. Hace poco, se proyectó un video de carácter proselitista, en una televisora, alardeando de los avances tecnológicos implementados en los hospitales, dando cifras de inversiones millonarias en medicamentos, material quirúrgico y tratamientos, siendo el trasplante de corazón y otras cirugías exitosas, consecuencia de la gran cualificación de los médicos que laboran en la CCSS. Hasta ahí todo muy bien, pero…
Lo que no se publicita y más bien se oculta, es la incapacidad para reducir las listas de espera. ¿De qué sirve medicina de punta si la gente se muere esperando ser intervenida? El expediente electrónico es una utopía, no por imposibilidad técnica sino por falta de voluntad política, ya que programas existen desde hace décadas, pero se prefiere seguir transportando los expedientes por los pasillos, al estilo de los años 60´s. El expediente electrónico así como una Ley del Paciente no está en la agenda de gobernantes, políticos ni administradores; tampoco reducir las listas de espera a 30 días, que es modelo universal. Lo anterior ratifica (doy fe de ello) que el último tren para muchos cartagos hace rato que partió y en el andén quedan cientos de pacientes a los que no les alcanzará ni el tiempo ni la vida, antes de recibir atención adecuada. Las listas de espera no preocupan, porque no afecta a “los que toman decisiones”, ya que ellos y sus familiares acuden a la medicina privada, por dos razones: tienen dinero y aman la vida.
Por su parte, los pacientes, saben perfectamente que las filas forman parte del paisaje y no avanzan nunca. En consecuencia, son muchos los que se ven impotentes, viendo como se marcha el último tren, ese que les devuelve la salud.
Es una realidad: las listas de espera significan llamar a la puerta de la morgue.

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