
“ELEGIDO”
“Hay que respetar la tradición”
Una obtusa presentadora de TV
Un toro de 600 kilos, en su carrera de media hora hacia la muerte, en el camino corneó a 4 espectadores, uno de ellos de gravedad. Dicen los parroquianos: “es tradición y se respeta”. En época prehistórica los hombres cazaban artesanalmente, después los romanos montaban espectáculos de leones y cristianos; los caminos se recorrían a caballo, burro, camello u otro animal, según región; empero la humanidad aún no se había “civilizado” y carecía de conocimientos y elementos que fueron siendo descubiertos y aplicados de forma útil por los pueblos, con el transcurrir de los siglos.
Pero que en pleno siglo XXI, cuando hasta el Papa Francisco se torna asequible y acorta la distancia con los feligreses o la ciencia pone a hombres a pasear por el espacio, largos periodos de tiempo o muchos de los fenómenos naturales, antes desconocidos, ahora son predecibles y las ideas arcaicas, como también los regímenes dictatoriales, solo sobreviven en esta época moderna, en sociedades milenarias e imperialistas, ancladas en la antigüedad, donde las dinastías y el fanatismo o la ignorancia, prevalecen sobre los derechos humanos, es obligado razonar sobre aquellas tradiciones o costumbres que por raciocinio deberían haber sido desterradas hace décadas, al igual que, ante la dinámica social e irreversible del derecho a la libertad, cayeron los países del telón de acero, el muro de Berlín se convirtió en reliquia y los estigmas de racimo, discriminación y xenofobia, traspasaron esas sutiles pero férreas fronteras.
Se ponía “en trance” (jugando de “importante”) la banal comunicadora, cuando se ofrecían imágenes de “El toro de la Vega de Tordesillas” (pueblo vallisoletano) que cada año es soltado, para en su instinto animal huir, sortear o cornear a la gente, hasta llegar a campo descubierto (de restringido acceso), donde “los mozos” corriendo tras él, acaban con su vida a pura destreza de lancero. Y éste (¿el ganador?) de nombre para no recordar, se muestra orgulloso de la crueldad, en tanto el morlaco desangrado, agoniza. “Elegido” se llamaba el astado. 40 mil asistían al festejo y 200 se oponían, obstruyendo el camino, atados con cadenas. Pero tal como se estila en la democracia: la mayoría manda. Con decisión y a la fuerza, “los revoltosos” fueron retirados por la autoridad, entre la algarabía y burla del pueblo: ¿o masa revuelta?