
“ENTRENADOR, EQUILIBRISTA O PORRISTA”
“Esto es ganar, ganar y ganar…” (Luis Aragonés)
Sobre la final de la «Champions League» y «el cholismo» mucho que escribir e interpretar.
El Atlético de Madrid, tiene una centenaria historia de gloria, triunfos y, sobre todo, sufrimiento. Ello ha elevado el tópico de «El Pupas» a un grado tan extremo que roza la superstición. Y ese gen se ha impregnado, generación a generación, en los «colchoneros».
Desde el viejo Metropolitano -Glorieta de Cuatro Caminos abajo- pasos esperanzadores y después del encuentro, cansinos y frustrantes, con una decepción más a cuestas. De vez en cuando, en décadas… Copa del Rey, inolvidable la temporada del «doblete» con Radomir Antic en el banquillo, para la temporada siguiente descenso “al infierno» de la 2ª División. En la división de plata, temporada épica: no se ascendió por “goal average”; en la siguiente, el ascenso con la batuta de Luis Aragonés. Si, «El Sabio de Hortaleza»: el mismo que ganó la Copa Intercontinental en su debú en el banquillo, en transición de futbolista a “Míster” en 24 horas.
Han pasado años. Del Metropolitano al Manzanares con Presidentes honorables y otros genuinos protagonistas, dentro y fuera de la cancha. Y en los últimos tiempos, el equipo rojiblanco gana Liga, Copa del Rey, Europa League, Súper Copa o finales de la “Champions League”. Hasta aquí la memoria fresca. No es casualidad perder tres finales de Copa de Europa de clubes… Es «El Pupas». Ahora tiene un entrenador que llega hasta la orilla para luego morir allí. Por ego, se mira al espejo y solo se ve él; sin observar que el rival está noqueado. Por calculador perdió la liga contra el Levante, tiró la Copa del Rey contra el Celta y ningunea la “Champions League”. Se auto-inmola y con él arrastra a una fiel y ciega afición. El Atlético de Madrid actual está para más, pero al “Míster” le encanta ser victimario. Estar una hora contra un equipo disminuido (R. Madrid), con jugadores lesionados y no hacer sino cambios obligados y a destiempo, es regalarle “La Orejona” al rival. Si con Carrasco se comprobó que el equipo necesitaba más velocidad… ¿a qué esperar con Correa por Torres? Hay que hacer una simple lectura del partido y del rival, en lugar de sentarse en la gradería popular y arengar. No se puede ser entrenador, equilibrista y porrista a la vez. La plantilla es mejor de lo que la valora su “coach”. No es para ganar 25 partidos por 1-0 en versión de «catenaccio» versus «cholismo», en castellano: «la táctica del murciélago»: o sea… todos colgados del larguero.
Mañana seguimos…