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“ERRE QUE ERRE”

                                                                                                      “El partido está abierto”

                                                                                                               Prensa costarricense

Segunda semifinal del fútbol costarricense. Partido lleno de espejos; es decir, todos se miraban una y otra vez, sin que se observaran distintos.

“El Sapri” era un mar embravecido, que una y otra vez, sin compostura, chocaba contra un rompeolas, que en nada se alteraba ante la embestida intencionada -otras no tanto-, si bien con la terca intención de quebrar una resistencia, si cabe, mezquina.

“Los manudos” a lo suyo, con la confianza que otorga ser fiel a un estilo y a un libreto, en ocasiones afortunado y exitoso; aun sabedores de que “tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe”; máxime si el portador se aferra al tópico de “la saprihora”.

En el fútbol hay dos principios, uno es el defensivo que aplican equipos acostumbrados a la heroica y la épica, pero que no se deberían permitir el lujo de tener a un futbolista con cintura enyesada, ya que cuando a éste les toca girar o anticipar, evidencia sus limitaciones. Normalmente en los equipos con sistemas casi pétreos y/o muy defensivos nunca falta quién está escalones más abajo técnicamente y que apuesta a lo físico.

El anfitrión o dueño de la pelota, asume el papel protagonista, por más que le falten argumentos o no maneje suficientes conceptos tácticos o técnicos para abrir cerrojos, sortear trampas o superar defensas reforzadas, acostumbradas a romper ataques y contraataques. Es, en este laberinto que presentan “los partidos cerrados”, cuando se precisa que las individualidades “se salgan del canasto”. El problema es… cuando no se tiene este tipo de actores.

A final de cuentas, entre el sufrimiento, la ansiedad, el aplauso al esfuerzo y el “erre que erre”, llegó el premio, a una colectivo que buscaba en cada acción el límite, sin atisbar la sonrisa, la celebración o la recompensa, desconociendo el éxtasis de la agonía.

“La anticipación” es un concepto táctico sencillo de aplicar, difícil de ejecutar. Y de la teoría a la práctica. Se trata de sorprender al rival de turno que parpadea y en espacios reducidos sacar petróleo. Eso fue, a final de cuentas, lo que hizo un zaguero con buenos gestos técnicos (Heiner Mora), capaz de llegar a la pelota antes que el defensor. Y éste lento de reacción, pago su rigidez mental con el castigo de quedar arrodillado. Y con él todo su equipo. En todo caso, dicen los expertos: el partido de vuelta “está abierto”

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