
“ESCORIA”
“El alcohólico es un enfermo”. Dr. Castellón
En el mundo del balompié caben todo tipo de personas. Los hay con principios y valores; también auténticas ratas: unas malolientes y otras de cuello blanco. Y en ese escenario se mueven con displicencia a la vista de todos.
El alcohol y las drogas son enemigos acérrimos y letales de los deportistas. Sucede que algunos futbolistas son incapaces de vivir si esta adicción y, por ende, su rendimiento se resiente y se les acorta la vida profesional, ya que carecieron de fuerza de voluntad para ganarle la batalla a la enfermedad y terminaron saliendo por la puerta pequeña, de una profesión que les garantizaba un presente estable y un futuro promisorio.
De esta problemática salen damnificados. Primeros, los propios protagonistas y, en segundo lugar, sus compañeros de vestuario y club, más las victimas finales que son sus familiares.
Esta el mundo repleto de ejemplos. Los hay que fueron capaces y tuvieron la hombría de reconocer sus yerros y lucharon contra ellos. Unos lograron salir victoriosos y otros, en cambio, sucumbieron; y eso ha sucedido y sucede aquí, allí y en todas partes del planeta fútbol.
Pero al margen de estos reconocidos enfermos, hay otro grupo que son la escoria. Lo integran un gremio de indeseables, que pululan de club a club. Al principio, por no solicitar información, engañan a sus dirigentes y pupilos, pero enseguida descubren sus defectos, carencias y, puntualmente en circunstancias comprometidas, su comportamiento extradeportivo y deleznable.
No hace mucho se descubrió una mafia de futbolistas profesionales que “vendieron partidos” y aunque tarde, finalmente fueron sancionados tras varios años de investigación y terminaron pagando por “algo” que todos conocían; aunque la complicidad del medio ayudó por largo tiempo.
Por estos lares también existes estos personajillos. Un conocido ex jugador radicado en Centroamérica, que fue goleador en equipos ticos, estaba “embarrado”. Era el intermediario para contactar con equipos costarricenses y ofrecerles “evitar el descenso, a cambio de 10 mil dólares por encuentro ganado”. Y Garantizaba el éxito de “la operación no descenso” en un 100% por qué –según el- tenían los contactos necesarios en los equipos que debían colaborar. Era obvio que se refería a “los hombres de corto” y alguno del banquillo.
Esta negra historia enciende las alarmas y pone en conocimiento de aficionados y dirigentes que ese tipo de personajes andan por ahí pululando. Sus antecedentes son comprobables. Y mientras se les “agarra”, sería bueno regalarles una pastilla de jabón crema de afeitar, desodorante y chicle para encubrir “la goma”