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¡GORA SAN FERMIN!

“1 de enero, 2 de Febrero, 3 de marzo, 4 de abril, 5 de mayo, 6 de junio,
7 de Julio… San Fermín, a San Fermín hemos de ir” (Canción)
La noche del 6 de julio de 1923, Ernest Hemingway, acompañado de su esposa Hadley Richardson, llegó a Pamplona en tren procedente de Irún. Nadie sospechaba la trascendencia que para Pamplona y para sus fiestas iba a tener este momento. De aquella noche José María Iribarren (escritor) relata en su libro “Hemingway y los Sanfermines” que tras una noche desvelada por tambores y chistus, Ernest y su mujer madrugaron para ver el encierro en la Plaza de Toros desde la balaustrada de los palcos. Empezaba entonces la popular carrera a las seis de la mañana, y en poco se parecía, en cuanto a gentío, a la actual. Ese mismo año la revista “TheToronto Star Weekly” publicaba el 27 de octubre un artículo: “Pamplona en Julio” y firmado por Hemingway en el que explicaba su primer contacto con la Plaza de Toros de Pamplona: “Nos fuimos entre la gente, y llegamos ante la plaza de toros. La bandera española, roja y gualda, ondeaba en la brisa de la mañana. Una vez dentro subimos a la parte alta, y nos situamos en las balconadas que dan a la ciudad. El palco cuesta una peseta. Las localidades más bajas son gratis. Habían unas 20 mil personas…” Y narraba: “Un muchacho de blusa azul, faja roja, alpargatas blancas y la bota de vino al hombro, tropezó cuando iba embalado entre las vallas. El primer toro bajó la cabeza y le dio una sacudida, lanzándole a un lado. El muchacho chocó contra los maderos y quedó allí tendido, pasando `la torada´ junto a él. La multitud chillaba…”
El 6 de julio, cada año, a las 12 del mediodía, desde el balcón de la Casa Consistorial de Pamplona, se lanza “el chupinazo” del inicio de las fiestas de San Fermín. Y al día siguiente (día 7) a las 8.00 am, tras cantar al Santo (en la parte baja hay una hornacina con una imagen de San Fermín, a la que los corredores le cantan varias veces una plegaria antes de comenzar el encierro) Otro “chupinazo”, abre la puerta de los corrales. Salen los toros acompañados de los cabestros. Recorrido de 870 metros que dura entre 2,50 y 4 minutos, que inicia en la Cuesta de Santo Domingo y termina en la Plaza de Toros. Cuando el último toro de “la manada” ingresa en el redondel, otro “chupinazo” lo anuncia. Son siete días de encierros que llenan el camino de adrenalina, valor, tradición, sustos, caídas, golpes, cornadas, sangre y balance final. Ya el día 14, los pamplonicas despiden las fiestas cantando: “Pobre de mí, pobre de mí, que se han acabado las Fiestas de San Fermín”

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