
“HÉROES Y HEROÍNAS” (I Parte)
“El cáncer es de todos” (Dr. José Ramón Germá Lluch)
Rubia, pizpireta, ojos azules… Aquella niña, Katherine, con apenas 8 años, llevaba en su ingenuidad toda una experiencia de vida. La comunidad, su colegio, amigos, vecinos y organizaciones privadas, se daban a la tarea de recaudar fondos para atacar el cáncer silencioso que se había adueñado de su cuerpecito. Al parecer, la solución estaba en Estados Unidos, aunque la triste realidad es que sólo si se conseguían cientos de miles de dólares, podía aferrarse a su última oportunidad: viajar a la tierra del “Tío Sam” y ser intervenida, sin que ello significara garantía de vida.
En la provincia de “la ciudad de las flores” (Heredia), muchos se dieron a la tarea. La cruzada era de mucha gente. A destacar… quien más fe tenía y así lo expresaba con su sonrisa y contagiosa alegría era la niña. Y esa actitud infantil es denominador común en los infantes que pelean con este flagelo, según informes constatados por especialistas de esta rama de la medicina infantil.
Turnos, ferias, rifas, medios de comunicación, programas de radio y televisión se unieron; cada uno dentro de sus posibilidades, para finalmente reunir al menos lo preciso para poder viajar y ser ingresada en el centro médico. Esa era la única esperanza, aunque había que seguir haciendo acopio de donaciones y todo tipo de actividades para poder cubrir el total de la operación y estadía en el Hospital.
En un “Mano a Mano” estuvo Katherine, con sus ilusionados papás, que derrochaban fe y apelaban a la generosidad ciudadana; sin embargo, también lamentaban de haber acudido a una asociación conocida en este tipo de lucha y haber recibido una donación de ¡diez mil colones!; algo que resultó vergonzante; no obstante recibir el cruel portazo, similar a un puñal clavado en el fondo del alma, continuaron sin desfallecer. A su vez, el tiempo, corría a más velocidad que la enfermedad, lo que dejaba a Katherine en franca desventaja.
Era el año 1997, a mediados, cuando la niña finalmente ingresó; empero el diagnóstico fue desolador: ¡había llegado tarde! A Katherine, despacio, muy despacio, o deprisa muy deprisa, un rio de sangre envenenada, había recorrido su cuerpo. ¡Y se marchó!, sin que la diera tiempo, ni siquiera a jugar, cuando apenas empezaba a vivir. Hoy, Katherine sería una joven esbelta de 27 años. Y como el de ella hay muchos casos de héroes y heroínas. Mañana seguimos….