+0 - 0  por

“IDOLOS DE BARRO”

                                                                                                 “Maradona se cree un Dios”
                                                                                                                             Dr. Pezzella
“La sociedad necesita líderes, no ídolos”, decía Juan Pablo II. En verdad que en todas las esferas del planeta mundo, sin distinción de etnias, razas, credos o religiones, aparecen por doquier personajes que se creen dioses.

El pésimo ejemplo de Diego Armando Maradona cansa. Su constante ir y venir por los charrales de la droga, la violencia y el alcohol es propio de la sociedad en la que pulula y le rodea. Carne de cañón, para una prensa amarillista que necesita vender escándalos y publicar reportajes, sin escatiman hechos, situaciones y vulgaridades propias de esos personajes de portadas que atesoran escasa cultura y baja autoestima.

El autor de la jugada más genial que mundial alguno haya presenciado, subió al altar destinado a los dioses del balompié. Para la historia quedó la jugada imborrable de unos cuantos futbolistas ingleses desparramados en el camino y “el pibe de oro” sorteándolos, tal cual fuera un slalom, dejándolos tendidos en el zacate, para finalmente depositar el balón en la red, ante el estruendo de un estadio repleto y enloquecido.
Por otra parte, aquella bola pegada al pie, sumisa a órdenes recibidas y ejecutadas por los botines del “che”, capaz de escribir la más brillante partitura futbolera del famoso autor. “Gambeta a la derecha, engaño a la izquierda, amago por aquí y salgo por allí, finto hacia la banda y salgo por dentro…”; etiqueta del mayor mentiroso del mundo con el balón en los pies. ¿Y los rivales? Triste papel el suyo, rendidos, abatidos y humillados, ante la presencia de un genio del balompié.

Escudriñando en la leyenda, se concluye que no es en vano la enseñanza en los potreros de los barrios más humildes y marginales, que otorgan al pequeño de una innata picardía, que era precisamente la que tenía impregnada “El Pelusa”. Y además, el episodio de “la mano de Dios”, considerada la mayor burla mundialista al “fair play”.

Entonces… ¿por qué tanta sorpresa? En la balanza, los mejores años de una niñez de carencias y picardías seguida de pomposos años de bondades, riquezas y despilfarros, hasta desembocar en la etapa actual donde es protagonista de episodios grises y corrongos, generando conflictos de salud e identidad que abochornan. En suma, un capítulo más de la amplia lista de quienes un día se creyeron dioses y no son más que “ídolos de barro”

+ 0 - 0