
“INTOLERANCIA”
«Exígete mucho a ti mismo y espera poco de los demás”
Confucio
La sociedad cada día es más exigente e injusta. Compartíamos años atrás esta columna. Y es que la intolerancia siempre tiene vigencia. Un carnicero a punto de cerrar su negocio vio que llegaba un extraño cliente. Sin hablar, aquél le entregó un sobre. Sorprendido lo abrió, encontró dinero y una nota que decía: “Regálele 1 kilo de carne molida y 1/2 kilo de pierna de cerdo”. Preparó el pedido, lo puso en una bolsa y depositó el dinero en la caja. Pero algo pasaba, porque “el cliente” seguía esperando. Entonces se dio cuenta del olvido y le entregó el vuelto. Al marcharse, el carnicero decidió seguirle. Caminó varias cuadras, en un cruce de calles esperó a que el semáforo se pusiera verde y llegó a una parada de bus. Sentado, dejó pasar varios buses que no iban a su destino, hasta que subió a uno. Viajó 10 minutos, tocó el timbre de “parada” y descendió. Luego caminó un poco y llegó frente a una casa con la puerta cerrada. No sin esfuerzo, tocó varias veces un timbre. Aquél cliente, tras esperar en vano a que le abrieran, cargó de nuevo el pedido y rodeó la casa. Allí saltó una cerca al jardín y se introdujo en la casa por un portillo abierto. Entonces, el carnicero a punto de irse escuchó voces. “Su cliente” corría y detrás, un señor enojado amenazaba golpearle. Le gritaba: “¡Eres un animal. Siempre lo mismo!” El carnicero, le dijo: ¡Señor. Señor. Por qué se enfada. Es un genio. Es único. Nunca había visto nada igual! Y el otro, contrariado respondió: “Usted no se meta. Siempre hace lo mismo. Estaba en la ducha y me hizo salir. ¿Por qué, si se lo digo tantas veces, no se lleva las llaves?”
La intolerancia resulta ser cualquier actitud irrespetuosa hacia las opiniones o características diferentes de las propias. En el plano de las ideas, se caracteriza por la perseverancia en la propia opinión, a pesar de las razones esgrimidas contra ella. En ocasiones, los esfuerzos que se realizan, por increíbles que parezcan, no son bien entendidos, ni recompensados. Más allá del trabajo y de hacer más cosas que las del propio deber, está la ingratitud. Muchas veces se está por debajo de las exigencias, caprichos u ocurrencias de aquellos que tienen un horizonte inflexible y corto.
La lección es la siguiente. “El cliente” se llama Benjamín. Se caracteriza por ser altivo, servicial y peludo. Su color blanco le delata y a pesar del maltrato, seguirá siendo “tan especial” como siempre. ¡Ah!, Valga decir que Benjamín es un perro de tres años.