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“LA ESCUELITA DE PAOLO”

Que viva el chorizo

                                                                                                                                  Vox populi

Décadas atrás un técnico le tendió la mano y creyó en él: como futbolista y persona. Después, el mundo del balompié le otorgó un status que fuera de los terrenos de juego NUNCA habría tenido. Ya en el ocaso balompédico alguien le inculcó la idea de formar una escuelita de fútbol y del lucro que esta actividad facilita. Al margen de lo anterior, es enorme “el ejército de ´caraebarros´» que juegan con la ilusión de los niños y las expectativas de algunos “messi-papás”; si bien los más, razonablemente, solo quieren que sus hijos practiquen una actividad deportiva y ociosa.

Debió ponerse muy contento Paolo cuando le llamaron para ofrecerle un grupo de pequeños organizados (?) y engrosar los ingresos de su escuelita. Antes fue fácil engañar a los responsables de los infantes diciéndoles que se iban a ir a otra escuela “muy importante”; ocultando las verdaderas razones de haber puesto los pies en polvorosa, de la  Escuela Fútbol Orión-La Pitahaya. En todo caso, nada le importó a Paolo.  Sólo le interesó «lo que le ofrecían»: cuotas mensuales, muchas actividades y aumentar el número de integrantes de su escuela de fines muy obvios.

Poco tardará, el ya dos veces expulsado monitor (antes dos clubes “le invitaron” a salir) por las mismas causas: ingre,sos no reportados o no utilizados en actividades a las que iba destinado el dinero. Tampoco se rasgarán al vestiduras los “muy” amigos integrantes de «la junta directiva de padres», que, solidarios con el ínclito, son expertos en cobrar cuotas, organizar desplazamientos, pagar canchas y arbitrajes, hacer rifas y otras actividades -disque- en beneficio de los niños.

Todo “les pintaba bien” hasta que el club pidió cuentas (ante denuncias de padres recibidas) para corroborar “si el dinero solicitado a los jóvenes tenía el destino anunciado”. Para sus fines y a más inri, hasta publicaron listas de «morosos» que discriminan a  quienes no pueden pagar lo exigido por la señalada directiva, no oficial ni reconocida. También encargaron al club uniformes personalizados que -abusando de la confianza- fueron entregados a los niños; sin que estos -ingenuamente- sepan «que a sus papas se les olvidó pagarlos». La guinda al pastel fue una fiesta de final de año donde recaudaron mucha plata. Empero, de este ingreso, así como de lo obtenido en los 10 meses anteriores, el ORIÓN F.C. aún espera los informes. Lógicamente: cuando se les exigió rendición de cuentas, pusieron “los pies en polvorosa”.

CAMPO PAGADO: Favor entregar informes económicos del 2014 y devolver o pagar los uniformes que se llevaron “sin darse cuenta” o -con alzheimer- “se le olvidó pagar”.                              

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