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“LA MASÍA EN LLAMAS”

“Con las cosas de comer no se juega”

Luis Enrique

Si esa frase le gusta al Míster asturiano, ya puede empezar a correr y aplicarse el cuento, porque sus fabes asturianas y la butifarra catalana están en juego. O, lo que es peor, en “la cuerda floja”.

Pésimo negocio para los entrenadores es ingresar a un vestuario con un galón de gasolina. De entrada “el pirómano” de turno lleva las de perder… Le sucedió a John Benjamín Toshak en el Real Madrid C.F. cuando quiso meter en cintura a “las vacas sagradas”; y le sucederá a todo aquel entrenador que en lugar de utilizar su inteligencia y mano izquierda pretenda cimbrear el látigo.

Es una ciencia el manejo del vestuario. Bien lo decía Javier Clemente: “lo más difícil en fútbol es el vestuario”. Y él bien que lo sabía, acostumbrado a echarse pulsos recurrentes con las figuras del camerino de los equipos que entrenaba. En algunas ocasiones venció, sobre todo al principio cuando logró éxitos impensables con el Athlétic de Bilbao, pero el resto de las batallas dialécticas o no, siempre las perdió. Le derrota su desventaja ante los mediáticos pesos pesados del vestuario y una inquebrantable actitud para porfiar en batallas perdidas de antemano, ante su ostensible inferioridad numérica: él contra 25; aunque el de Barakaldo pensara que su bastón de mando era castrense, donde “las órdenes no se discuten se ejecutan”. Y eso, en todo tiempo u ocasión, no suele funcionar por mucho tiempo; o al menos sólo tiene validez hasta que llegan los marcadores adversos y se encadena una seguidilla de derrotas al hilo.

La crisis barcelonista es de carencia de éxitos. Gerardo “Tata” Martino se llevaba bien con los futbolistas azulgranas y protegía al peor y más triste Messi de la década; pero ello de poco le servía: ya que no acertaba con la tecla táctica adecuada y uno tras otro vio como se escapaban los títulos.

Luis Enrique de carácter conflictivo, pasó maquillado por “la casa blanca”, hasta que recaló como futbolista en el Nou Camp. Ahí demostró un antimadridismo absurdo, convirtiéndose  en agrio rival “merengue” en la cancha y ante la prensa, algo que gustaba mucho en la Ciudad Condal. Ya retirado, como técnico hizo sus primeros pinitos en la cantera de “La Masía” y después tuvo un asalto fallido en la AS Roma, para regresar al Celta de Vigo, realizando una temporada aceptable, que le valió para llegar al banquillo del F.C. Barcelona, si más mérito que su demostrada identidad blaugrana. Empero, si por la víspera se saca el día, el asturiano inició la cuenta atrás y su maleta ya debe estar con ruedas. La pugna con  Messi y los “cracks” barcelonistas es “la crónica de una muerte anunciada”, donde los jugadores van a ganar. Basta un traspiés más que el vestuario, por falta de actitud, puede propiciar.

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