
“LA MEMORIA HISTÓRICA” (I Parte)
“La vida es como la rueda de Chicago: hoy arriba, mañana abajo y viceversa…”
Joaquín Fuertes
Cuando la gente no quiere olvidar, acude a la memoria. Sin embargo, tal parece que la sociedad discrepa de esta actitud y prefiere el Alzheimer. Hay grupos de personas, en varias partes del mundo, que realizan esfuerzos racionales para entroncar el presente con el pasado, sea este real o imaginado, tratándolo con un respeto sutil entendible.
La memoria histórica es algo más que un concepto ideológico, es una necesidad que tienen los pueblos para escribir la historia tal como fue y no como los grupos de poder e interés pretenden que sea, con la intención de olvidar o, lo que es peor, borrar.
Enseguida la mente del lector acudirá a la tan traída memoria histórica. Aquella que los españoles avivan tratando de encontrar los miles de desaparecidos, de uno u otro bando (nacionales y republicanos) de la Guerra Civil. También se homenajea permanentemente a las Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo, en Buenos Aires, que décadas después siguen dando vueltas, con su blanco de esperanza, creyendo que sus hijos o nietos, alguna mañana soleada regresaran por la esquina de la Casa Rosada de la Presidencia, sin perder nunca la esperanza, al ser conscientes que muchos de ellos están vivos, aunque en tiempos de Videla, les fue sustraída la identidad y ni siquiera “ellos” lo saben.
En muchas partes del mundo han surgido foros por la memoria como espacios, no sólo de investigación sino también políticos y culturales, con el fin de servir de plataforma para la construcción de identidades sociales.
Colombia, actualmente, es un país con una tarea enorme por desarrollar, desde que se instauró en el 2005 la Ley 975 de Justicia y Paz, que intenta la reparación simbólica a favor de las víctimas o de la comunidad en general y, además, asegurar la preservación de la memoria histórica, la no repetición de los hechos victimizantes, la aceptación pública de los hechos, el perdón público y el restablecimiento de la dignidad de las víctimas.
Y la historia sigue… En el ámbito cultural, político, social y deportivo.
Tal pareciera que el fútbol tiene Alzheimer. Se va a tener que crear un órgano “memorizante” que recuerde a la afición balompédica quiénes son unos y otros. Y, por supuesto, recrear los hechos que identifican a una serie de individuos, no por sus buenas obras o razones, sino por actuaciones deleznables y/o delictivas.