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“LA SOLEDAD DEL GUARDAMETA”

                                                                                         “Esa si es la verdadera soledad” Colombiano de Medellín

Aquel viernes 4 de Abril de 2008, la prensa internacional daba amplia información sobre la vida en cautiverio de Ingrid Betancort, en poder de las FAR. Se hacía referencia a “la verdadera soledad”, aquella que “impacta, duele y desgarra el alma”.

El tiempo ha pasado y la problemática sigue siendo la misma. Entonces era Iris, ahora son otros. En todo caso, pareciera que el idioma de los negociadores y, sobre todo, los políticos involucrados, es ininteligible, a la hora de detener guerras o combatir la mayor de las miserias humanas, como es la hambruna y el exterminio, al que unos y otros, en la África negra y en la franja de Gaza se ven inmersos, sin olvidar a Siria y demás territorios convulsos. En medio de tanta “barbarie” -las palabras son sustituidas por misiles y el dialogo por tanques- están esos “locos bajitos”, que en su frágil mundo de fantasía, son incapaces de comprender la cruda realidad de “los mayores”.

Entre tanta noticia, un día y otro también, donde los asesinatos ni siquiera hieren la sensibilidad, surge la expansión y el ocio. Hora de disfrutar, de espaldas a todo, lo que el “deporte rey” ofrece, aunque sea a la distancia y a través de la pequeña pantalla.

Ahora resulta que las intervenciones de Iker Casillas son miradas con lupa, buscando el error o la no reacción, pretendiendo que ello sirva para minimizar su rendimiento y, a cambio, hacer crecer las posibilidades de un mesurado Keylor Navas, al que ni el ruido de los tambores lejanos, le desestabiliza, consciente de su rol de trabajo en “la casa blanca”.

No es por tanto, la soledad del guardameta, bajo los tres tubos, esperando indefenso ser acribillado a “bolazos” por los rivales; ni tampoco la soledad del árbitro, en medio de 22 actores, sometido al juicio sumarísimo de espectadores y periodistas, con la complicidad de flashes y lentes acuciosos, así como manipuladores de cámaras, con fidelidad, reprise, espacio y tiempo para maximizar errores.

Tampoco es la soledad de un marcador aburrido, con las gafas del 0-0, ante la inoperancia de delanteros con botines al revés o disparos con punto de mira errado, aunque algunos eruditos digan: “es un partido muy táctico”.

Al final del cotejo, tanta luminaria en el césped debió conformarse con “dos churros”, que diría el chaval del barrio. E Iker en el patíbulo.

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