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“LA VIDA EN UN MINUTO”

“Los puentes son para cruzarlos”

Mateo H. Barroso

La historia es sencilla y llena de paradigmas. Una vez pusieron un puente largo de más de ocho mil kilómetros justo al frente. Al otro lado del océano, o sea en la orilla más lejana, lo desconocido provocaba, incitaba, atraía y asustaba. En todo caso se trataba de cruzarlo y después ver, mirar, quedarse, probar, intentarlo o regresar. Es un hecho cierto. Un viaje de miles de kilómetros empieza con un solo paso. Y la vida es un minuto, después otro, luego horas entrelazadas con semanas, éstas encadenadas a meses y prisioneras por años. No hay nada más triste que el tiempo que quedó atrás, se perdió y no se puede regresar a él, ni siquiera para disfrutarlo, menos aún para borrarlo.

Aquél día fue lo mejor que le había sucedido en mucho tiempo; por más que antes la jornada había sido desastrosa. Al caer la tarde, la cita apresurada, en lugar adecuado, y ambiente mágico irradiado por un duende. Tres horas conversando y compartiendo ideas, proyectos y paradigmas; cena, postre, palabras sinceras y despedida para siempre.

La existencia enseña y da lecciones. Una vez al abuelo le preguntaron ¿por qué aquellos que están arriba tiran basura a los que estamos abajo? Y él hombre, con la sabiduría que otorga la edad respondió: “Son jilipollas. No saben que después ellos estarán abajo y nosotros arriba”. Y añadió: “La vida es como la Rueda de Chicago: hoy arriba y mañana abajo…”; los nietos no entendieron el mensaje, y pasaron muchos años hasta que comprendieron las sabias palabras.

Un amigo de profundas raíces, no sólo religiosas sino humanistas, enseña a los que le quieren escuchar: “no hay nada más difícil que tomar decisiones que afectan a las personas”. Y éste puede ser un caso, que afecta a nosotros. ¿Y quiénes somos nosotros? Pues… ¡TODOS!;  o sea… ¡NOSOTROS!

Cuesta mucho descifrar los recovecos del destino. En cambio es bastante sencillo interpretar los impulsos del corazón, que no dela razón y, sobre todo, la intuición. Y cuando ésta dice ¡vamos! no hay que detenerse. Las gentes tienen el don de poder elegir, disfrutar, sufrir o equivocarse. En todo caso la decisión es personal, intransferible y no reversible: ¡se puede cambiar! Así es todo… La vida en un minuto… Para decidir y arriesgarse. Equivocarse o no, es lo que menos importa. El problema es quedarse quieto, pasivo, impávido, o sea inerte.

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