
“LAS MARAS” (I Parte)
“Las expectativas de los integrantes de las maras son nulas”
José Castroviejo. Sociólogo
Pareciera que el problema de “las maras” es ajeno o está distante, pero qué duda cabe que afecta al pueblo latinoamericano, más allá de que los integrantes de estos grupúsculos de delincuentes pertenezcan a una determinada nación del Centro o Norteamérica.
Ver un partido de futbol de Concacaf con disque deportistas tatuados por doquier y comprobar que al finalizar el mismo, los protagonistas se comportan de idéntica forma al de estos grupos juveniles de inadaptados sociales, causa cuando menos indignación. Tampoco faltaran los que justifiquen la actuación de unos y otros, que en resumidas cuentas se supone que son deportistas sujetos a disciplina, normas de conducta, reglamentos y, sobre todo, obligados a dar una imagen ejemplar.
No es una entrada violenta, artera o desproporcionada; tampoco una barrida por detrás llena de mala intención y peligro para la integridad física del rival, no. Es una reacción propia de bandas organizadas cuyo valor (?) grupal dista mucho de la cobardía que suelen tener a nivel individual. Son bestias o energúmenos que agreden por detrás, dan patadas a cualquier parte del cuerpo o la cabeza y pretenden malherir a cuanto individuo se encuentran en el camino, simplemente porque los consideran rivales o enemigos. Todo ello al amparo de un régimen disciplinario y un árbitro incapaz de detener semejante turba; sin excusar a miembros del cuerpo técnico o dirigentes, que alguna vez avalaron la contratación de personas (disque futbolistas) con antecedentes propios de “la chusma”: sin intelecto y con exceso de hormonas delictivas; simplemente porque poseen cualidades o habilidades en el tren inferior, o sea, en este caso, en las patas.
Ahora todos miraran para otra parte, argumentando que hay que esperar sanciones y proveerse de pruebas de descargo para minimizar los castigos. En todo caso, eliminados o clasificados, la vida sigue y “los pandilleros” continuarán defendiendo o deshonrando los colores de una camisola, que les da de vestir, comer y asegura un presente o futuro promisorio. Incluso en algunos casos estas “figuritas” se creen verdaderos ídolos (son de barro) o se les considera iconos o referentes de una parte de la sociedad.
Ayer en el estadio alajuelense, se pudo comprobar como “las maras” no solo están o actúan en Honduras, Guatemala, El Salvador o en la Baja California.