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“Sanatorio Durán” (II Parte)

   “El Sanatorio Duran pertenece a Potrero Cerrado”

                                                                                                     Erick Jiménez. Regidor Oreamuno

Siendo el Volcán Irazú el destino, es el Sanatorio Duran parada obligatoria. Esta pila de edificios, durante décadas ha sido el lugar más rodeado de leyendas y comentarios sobre aparecidos en Costa Rica: toda búsqueda en ese sentido nos encamina al antiguo centro hospitalario. La historia del sanatorio es de la de su fundador… Este tuvo una hija que padeció tuberculosis, y siendo imposible hallar un centro adecuado para su tratamiento en Centroamérica, hizo una investigación que le llevó al sanatorio Loomis en Liberty (Nueva York) creado y dirigido por el doctor Charles Loomis, autoridad mundial en el tema. Finalmente su hija se recuperó y el doctor Durán tomó nota de las técnicas e instalaciones con el fin de establecer un centro similar en Costa Rica.

Se requería un lugar con determinadas condiciones: aire puro, altitud, horas de sol y aislamiento. Y se elige el sitio actual, a más de 2200 metros de altitud. El doctor Durán cabildea para lograr recursos y los obtiene, en parte, de un impuesto al licor. La fundación se da en 1918 con el nombre de Sanatorio Carit, y aunque los fondos eran públicos, no dejó de ser un centro de élite, ya que se requerían buenos peculios para pagar los servicios.

El centro original tuvo cuatro secciones: un pabellón de hombres, el segundo de mujeres, el tercero de niños y el cuarto para extranjeros y personas con altos ingresos económicos. Y al estar lejos de la ciudad cartaginesa, tenía huerto, lechería, carnicería y pulpería.

La existencia de este tipo especializado de instituciones se vincula a la mortandad causada por la tuberculosis y su necesidad de paliarla, que no curarla. El enfermo era aislado para evitar el contagio. Se le fortalecía el organismo con buena alimentación, esparcimiento, actividad física leve y, sobre todo, el aire frío y seco de altura; única medicina conocida para que pudiera recuperarse. Los pacientes tenían que cumplir estrictos cánones médicos, y para realizar las labores de asistencia se trajo de Venezuela a las Hermanas de la Caridad de Santa Ana (congregación originaria de Zaragoza), quiénes actuaban con disciplina y mano dura, aunque gran dedicación, según testimonios. Y además notables médicos, como el Dr. Raúl Blanco Cervantes -su nombre lo lleva un hospital josefino para ancianos- y demás personal médico –doctores, auxiliares y monjas- vivían en unos edificios separados de los internados. Mañana seguimos con las leyendas…

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