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“Sanatorio Durán” (III Parte)

                                                                           “Da pánico pernoctar allí…”

                                                                                                   “Un cuenta cuentos-leyendas”

Sanatorio Durán, historia y leyenda. En 1973 dañado por la erupción del Irazú, dió paso al Centro de Adaptación Juvenil “Luis Felipe Gonzáles Flóres” a cargo de las Hermanas de la Caridad. Después, en un intento de fuga se quemó el pabellón de hombres y de seguido se creó una cárcel modelo, que duró poco tiempo. Ya en 1990 el centro pasó a depender del MAG y este la donó a la Unión de Pequeños y Medianos Productores Nacionales. Además, para variar, el recinto sufrió el vandalismo de grupos satánicos y daños causados por conciertos de música y compañías de paintball.

Actualmente se realizan cultivos experimentales y un pabellón se alquila para conferencias. Si bien el edificio tiene un halo de misterio y  deterioro, para lugareños, enfermos y familiares, es entrañable. Siendo fuente de trabajo, mezcla historias fantasmagóricas y sentimientos positivos. Finalmente el pasado 7 de noviembre de 2014, el presidente Luis Guillermo Solís lo declaró patrimonio histórico-arquitectónico de Costa Rica.

Al igual que construcciones antiguas donde personas tuvieron algún tipo de sufrimiento físico y/o fallecieron, a este inmueble se le atribuyen leyendas urbanas y actividades paranormales, que lo han convertido en un lugar tenebroso, que atrae a visitantes, interesados en manifestaciones inexplicables o curiosos.

Del Santorio Durán más de un interno aseguraba que en las noches aparecía una monja fantasma a curar al enfermo de la cama continua. O en noches gélidas y oscuras, en medio de quejidos, caminaban por los pasillos dos religiosas buscando dar alivio a los internos. Así mismo relatan que en el lúgubre recinto se sienten brisas muy frías y se ve el fantasma de una monja y una niña; o escuchan a monjas en el último piso o sorprenden sus sombras de pie al lado de las gradas o bien en un pequeño cuarto.

Décadas atrás, dos líneas telefónicas en pésimo estado, cuando soplaba el viento producían ruidos extraños (técnicos dicen “afonía”). No faltó“el pícaro”o temoroso, que ante los extraños sonidos afirmó: “son los fantasmas que hablan entre sí, aunque no se les entiende…”. Empero, el amigo Jorge “Churchill” Calderón, en ese tiempo funcionario del ICE, acudía a solucionar ese problema de telefonía, pero ya “otros” le habían atribuido sentido y leyenda al fenómeno.  Mañana seguimos…

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